El discipulado NO es solo un programa. Debemos ir más allá de intentar replicar modelos de iglesia. De manera contraintuitiva, debemos vislumbrar y establecer los fundamentos del discipulado.
El discipulado no es un simple ejercicio de “copiar y pegar”. Es una jornada redentora. Una jornada que es definida y que se distingue por cuatro principios esenciales: el Mandato, la Misión, la Motivación y el Maestro.
Todo comienza con el bajo concepto que tenemos de Dios mismo, reduciendo su majestad, santidad, justicia e incluso el amor que nos regala de manera natural. Lo reducimos a propósitos gananciales que se esfuerzan por aparentar salud y prosperidad al exterior. Pero con una realidad inerte, sin relaciones saludables ni íntegras en el interior. Todo esto resulta también en un bajo concepto del evangelio.








