En mi devocional esta mañana, pregunté “Señor, ¿podrías compartir conmigo tu corazón por tu Iglesia y tus iglesias?” Él respondió (en letras rojas a continuación).
¡Con mucho cariño, Mi amado mayordomo!
En mi devocional esta mañana, pregunté “Señor, ¿podrías compartir conmigo tu corazón por tu Iglesia y tus iglesias?” Él respondió (en letras rojas a continuación).
¡Con mucho cariño, Mi amado mayordomo!
“Papi, ya pasó tu tiempo de invertir en personas que, tal vez, algún día puedan captar tu corazón y tu visión. Tienes que invertir donde veas energía. Donde personas multiplicadoras se inspiran a tomar lo que tienes y multiplicarlo.”
Consejo de mi hijo, Daniel Kornfield, en mi último cumpleaños.
La Segunda Guerra Mundial fue la mayor guerra de nuestro planeta. Japón invadió Manchuria en 1937. Alemania invadió Austria en 1938. Checoslovaquia en marzo de 1939. Polonia el 1 de septiembre de 1939. Eso provocó que Inglaterra y Francia le declararan la guerra. Alemania continuó conquistando un país tras otro, incluyendo a Francia. Apenas el 7 de diciembre de 1941, los EUA, después de ser atacado y entró en la guerra. Demoró casi cuatro años más para que la Segunda Guerra Mundial finalice. Entre 50 y 70 millones de personas murieron en esa guerra.
En el gran desiglesiamiento, en los Estados Unidos, las iglesias perdieron 40 millones de miembros en 25 años (1995-2020). Un cálculo sugiere que en América Latina, con el COVID y otros tsunamis internos en la vida de la iglesia, perdimos 39 millones de miembros en tres años (2020-2022). (Ver aquí el blog La gran desintegración de la iglesia). Nuestras pérdidas son una señal de una Guerra Mundial espiritual (Ap 12.12b).
Todos tenemos un llamado. Todo hijo e hija de Dios. Todo ser humano. Y tú. ¿Cuál es tu misión? ¿Puedes expresarla bien en una oración? ¿En un párrafo? ¿En una página? ¿En un minuto, subiendo en el ascensor, a alguien que te hace esa pregunta?
¿Por qué estás aquí en la tierra? Esta pregunta es literalmente una pregunta de vida y muerte. Vida y muerte para ti. Vida y muerte para los que necesitan de tu llamado y misión. Haz una pausa ahora y escribe tu misión en diez palabras o menos.
La mía es: “catalizar movimientos de pastores e iglesias saludables en América Latina”. Diez palabras.
En su libro ‘Words Aptly Spoken (Palabras bien dichas), Bob Moorehead cita las inspiradoras palabras de un hombre ruandés que, en 1980, fue obligado por su tribu a renunciar a Cristo o enfrentar una muerte inmediata. Se negó a renunciar a Cristo y fue asesinado en ese mismo momento.
La noche anterior había escrito un apasionado manifiesto que se encuentra en los siguientes párrafos. También se sabe que un estudiante cristiano, cuando fue desafiado por la firme ideología política de los comunistas, adoptó esto como su manifiesto de discipulado de Jesús.
David Kornfield escribió un blog titulado 14 preguntas para la década de los 60 (enlace). La palabra para los de esa década es ESTRATÉGICA y la pregunta clave: ¿Cómo TERMINAR BIEN?
Hice un retiro con Dios con base en esto. Quiero compartir el fruto de mi retiro después de conversar con David. Al leer lo que escribí, ¡piensa como tú modificarías estas respuestas pensando en ti mismo!
¡Muchas veces la palabra de Dios no tiene vida y poder! Es posible negar Hebreos 4.12: “Porque la palabra de Dios tiene vida y poder. Es más cortante que cualquier espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta lo más íntimo de la persona; y somete a juicio los pensamientos y las intenciones del corazón. Cinco formas que comúnmente robamos el poder de la Palabra.
La Biblia de Discipulado tiene un estudio que se titula “Formando la siguiente generación” (Gl 4.19). Comienza con la pregunta, “Qué calificación, de 0 a 10, le darías a tu generación respecto a la práctica del discipulado?”
Mi respuesta inicial:
Dios nos dio gigantes de la fe que levantaron la bandera del discipulado: Howard Hendricks, Robert Coleman, Keith Phillips, Bill Hull, Bill Bright, Dawson Trotman, Abe Huber, David Kornfield. ¡Nota 12 para ellos!
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Jn 1.1 (RVR)
Un discípulo saludable y multiplicador crece oyendo a Dios bajo dos pilares fundacionales:
El primero es la persona de Jesucristo, Verbo divino y encarnado que expresa de forma elocuente la voluntad de Dios “(…) y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” Mt 17:5 (RVR).
El segundo es la palabra escrita, el logos. Los dos coexisten de forma inseparable derramando el conocimiento y la luz de la revelación plena de su Reino. “Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino” Sal.119:105 (RVR)
Noviembre y diciembre, un periodo de kairos con relación al próximo año. En estos meses tienes que tomar una decisión crítica y estratégica. Al iniciar el nuevo año ¿En quienes invertiré mi única, preciosa y maravillosa vida? Muchos de nosotros estamos terminando los ocho estudios sobre selección del año básico de discipulado personal (enlace).
Jesús enfrentó una crisis. Las multitudes eran demasiadas para que él pudiera pastorearlas. Encontró la respuesta y la salida para esta crisis en sus discípulos (Mt 9.35-39). Él hizo la selección de los doce unos seis meses antes (Mc 3.13-18; Lc 6.12-16). En este momento, él selecciona a quien enviará para responder al kairos que enfrentaba: “las multitudes desamparadas y dispersas como ovejas sin pastor”.