Durante años he tenido el privilegio de compartir con pastores semana tras semana. En casi todas las conferencias pastorales me gusta hacer una pregunta sencilla:
¿Cuántos de los presentes son discípulos de Jesús?
Normalmente, el 100% levanta la mano. Es un momento hermoso para celebrar juntos porque, en efecto, lo somos, desde el día en que Jesús nos encontró y nos sumó a su plan para alcanzar al mundo. Algunos habiendo caminado en este llamado por 10, 20, 30 o más de 40 años en el ministerio, pero inmediatamente hago una segunda pregunta:
¿Y cuántos de ustedes están siendo discipulados por alguien?
En ese momento se hace un silencio curioso en el auditorio. Las manos bajan y solo se ven unas cuantas levantadas que, en el mejor de los casos, apenas llegan al 10% de los presentes.
Al profundizar y preguntar sobre la frecuencia de ese discipulado, la realidad es aún más reveladora. Para la mayoría, el discipulado es algo ocasional, esporádico e informal, o una respuesta de emergencia ante una crisis familiar o ministerial. Para otros, se reduce a un procedimiento meramente administrativo y vertical, donde autoridades espirituales preguntan por asuntos de la iglesia. Incluso existe la idea errónea (es algo que creo), que el discipulado es una etapa inicial reservada únicamente para los nuevos creyentes o algunas clases para los primeros años de la fe.
Un intento por redelinear el discipulado
El discipulado no es un concepto teológico impecable enseñado desde el púlpito, pero que no transforma la vida diaria ni la agenda de la iglesia. Tampoco es un programa, clase, curso o énfasis que dura un par de meses hasta que surge una nueva idea o proyecto en la iglesia por iniciativa del pastor.
Es una relación permanente entre discípulos que caminan juntos, para continuar su proceso de crecimiento y dando a otros la vida que ellos mismos reciben. Como escribió Peter Wagner: “Puedes escoger ser o no un discípulo; pero si escoges serlo, no te queda otra opción que ser un discipulador.”
El pastor, un cimiento clave
Si el pastor no es cuidado, acompañado y discipulado para seguir creciendo de manera saludable, se convierte involuntariamente en el “techo” de su propia congregación.
En Juan 17:24, Jesús usó una expresión profunda: «Padre, aquellos que me has dado». Se refería a ese grupo íntimo con quien compartió su vida, sus lágrimas, sus alegrías y los momentos que marcarían el futuro de la Iglesia. Un pastor discipulado es el método de Dios para la tarea que debe continuar hasta su regreso. Jesús sigue buscando discípulos, aún, cuando los hombres seguimos buscando métodos. El Movimiento Cumbre de Discipuladores está realizando un importante aporte para ayudar en esta tarea de promover el discipulado a partir de los pastores.
Pastor, me gustaría dejarte con dos preguntas para reflexionar:
- ¿Estás siendo discipulado hoy?
- ¿Sabes quiénes son las personas que Dios te dio?
Empieza a discipularles de verdad, de lo contrario, corres el riesgo de solo estar usándolos para alcanzar tus propios objetivos y no ver nuevas generaciones que se multiplican.
ottorodríguezorozco@gmail.com – (+58) – 416-6764510




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