Vivimos tiempos de mucho frenesí y activismo ministerial. Casi a diario conocemos la triste historia de pastores que abandonan el ministerio, caen en escándalos morales o terminan agotados física, emocional y espiritualmente. La pregunta es inevitable: ¿cuál es la causa?
Sin duda, las razones pueden ser muchas, pero una de las más silenciosas y peligrosas es la soledad pastoral. Durante años se nos enseñó, de manera equivocada, que “el pastor no puede tener amigos”. Esa idea llevó a muchos ministros al aislamiento, privándolos de la comunión, la rendición de cuentas y el apoyo que Dios diseñó para Sus hijos.
Durante muchos años viví sobrellevando solo mis luchas, problemas y dilemas ministeriales. Recibí mentoría sobre cómo plantar iglesias, celebrar ceremonias o construir templos. Pero nunca encontré un espacio donde pudiera abrir verdaderamente mi corazón, ser transparente y mostrarme vulnerable sin el temor de ser descalificado por mis debilidades. Creo que esa sigue siendo la realidad de miles de ministros alrededor del mundo.
Fue en plena pandemia cuando conocí el Discipulado y Pastoreo de Pastores (DPP). Allí comencé a experimentar una nueva forma de vivir el ministerio: acompañado, caminando junto a otro pastor y rodeado de hermanos que entienden las mismas cargas, desafíos y alegrías.
La respuesta siempre estuvo en las Escrituras. Lamentablemente, muchas veces la conocemos, pero no la ponemos en práctica.
“Está un hombre solo
y sin sucesor,
que no tiene hijo ni hermano;
pero nunca cesa de trabajar…
También esto es vanidad y duro trabajo.
Mejores son dos que uno;
porque tienen mejor paga de su trabajo.” Eclesiastés 4:8-9 (RV1960)
Dios nunca nos diseñó para vivir en soledad (Gn 2.18). ¡Y eso no cambia en el ministerio! Desde el principio estableció el principio del compañerismo y la colaboración. El mismo Jesús modeló este principio cuando seleccionó doce, tenía momentos más íntimos con tres, y envió a Sus discípulos de dos en dos (Marcos 6:7). Él sabía que el apoyo mutuo fortalecería su fe, su testimonio y su perseverancia.
Asimismo, el apóstol Pablo nos recuerda: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.” Gálatas 6:2. En la verdad esto es apenas uno de 18 mandamientos recíprocos destacados en la Biblia de Discipulado (1Pe 1.22). Nadie fue llamado a cargar solo el peso del ministerio.
También encontramos el principio de la sinergia expresado en la Palabra: “¿Cómo podría perseguir uno a mil, y dos hacer huir a diez mil…?” (Deuteronomio 32:30). Caminar acompañados es una estrategia divina que multiplica la eficacia, fortalece la fe y protege el corazón del ministro. Cuando existe acuerdo, confianza y oración compartida, Dios hace mucho más de lo que podríamos lograr individualmente.
La Biblia está llena de ejemplos de este modelo de acompañamiento: Moisés y Aarón, Moisés y Josué, Elías y Eliseo, Jesús con Pedro, Jacobo y Juan, Bernabé y Pablo, Pablo y Timoteo, entre muchos otros. ¡Ninguno de ellos caminó solo – ni Jesús!
¿Cuáles son los beneficios del compañerismo pastoral?
- Protege del desgaste ministerial, porque permite compartir las cargas, las luchas y las responsabilidades, obedeciendo el mandato de sobrellevar los unos las cargas de los otros.
- Rompe el aislamiento pastoral, uno de los mayores enemigos del liderazgo espiritual.
- Fortalece el alma del ministro, al contar con personas que escuchan, aconsejan, oran y acompañan.
- Multiplica el alcance y la sostenibilidad del ministerio, porque juntos podemos llegar mucho más lejos que caminando solos.
- Genera rendición de cuentas, brindando protección frente a la tentación, el desánimo y las decisiones apresuradas.
- Permite celebrar las victorias y atravesar las pruebas en comunidad, recordándonos que la unidad no significa uniformidad, sino apoyo mutuo, amor y crecimiento compartido.
Hoy puedo decir con convicción que una de las mayores protecciones que Dios ha regalado a mi vida ministerial ha sido caminar acompañado. Por eso quiero animarte a abrazar nuestro lema:
”¡Solitos, nunca más!”
Si Dios ha usado el compañerismo pastoral para sostenerte, restaurarte o fortalecer tu ministerio, comparte tu testimonio de forma breve en los comentarios a continuación. Tu experiencia puede convertirse en la respuesta que otro pastor necesita para dar el paso hacia una manera más saludable, bíblica y fructífera de vivir el ministerio.
Luis Gauto, Paraguay




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