Este blog es la continuación de la parte 1 sobre el Gran Mandamiento, publicada la semana pasada.
1. La Gran Comisión (Mt 28:16-20)
El Gran Mandamiento se centra en el carácter y en las relaciones. La Gran Comisión se centra en el propósito y en las relaciones. La Gran Comisión, sin el Gran Mandamiento, pierde su corazón. Se convierte en un odre sin vino. Se convierte en nada (1Co 13.1-3). Al mismo tiempo, el Gran Mandamiento, sin la Gran Comisión, pierde su sentido de propósito y de llamado.
Sé que comprendo mejor que la mayoría de las personas la gran visión de “hacer discípulos a todas las naciones”. Esto se manifiesta en dos grandes expresiones: 1) las naciones tal como las define el mundo; y 2) las naciones entendidas como grupos étnicos o subgrupos de personas dentro de cada país. El sueño loco y divino que Dios me ha encomendado (Hch 2:17-18) consiste en movilizar a toda la Iglesia —a través de cinco esferas prácticas— para alcanzar a toda la nación.
Hay un aspecto secundario, aún embrionario en mi entendimiento: la necesidad absoluta de que una ola profunda de decenas, centenas y millares de personas lleguen a Cristo, tal como sucedió en Hechos 2. Esa es la expresión más clara y profunda de un verdadero avivamiento.
En este momento, no hay nadie que tenga mi claridad de visión con respecto al movimiento de catalizadores nacionales. No debo desviarme ni a la derecha ni a la izquierda. Debo mantenerme enfocado en mi llamado único, haciendo aquello que solo yo puedo hacer (Isaías 30:21, nuevamente). Me encuentro en un kairós profundo. Por ello, necesito despojarme de todo lo que pueda, para concentrarme plenamente en esta tarea (Mt 10:5-6; Lc 9:3; 10:4; Heb 12:1-2). Esta misión es urgente y exige mi máxima concentración. Debo enfocarme en aquellos que comprendan esta visión y que estén dispuestos a multiplicarla. Un día a la vez (Mt 6:33-34).
Resumiendo todo. ¡Ame! ¡Discipule! ¡Sea grande! ¡Sea como Jesús 😊😊😊!




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